La psicología dice que forzar las caricias a un gato es un error: puede hacer que se sienta incómodo y estresado
Ver fichas de Perros
A pesar de que los gatos llevan cientos de años conviviendo junto a los humanos, su manera de comportarse, comunicarse y relacionarse con las personas es diferente a la de otros animales de compañía como pueden ser los perros. Una de las principales diferencias radica en su tendencia a mostrarse más autónomos e independientes, de manera que, aunque la mayoría de ellos disfruten de sesiones de caricias y mimos, no les suele gustar el contacto brusco, excesivo y constante.
Es cierto que muchos felinos son muy sociables y buscan activamente la compañía humana, pero esto no significa necesariamente que disfruten del contacto físico directo. Agarrar a un gato, cogerlo en brazos o retenerlo contra su voluntad para acariciarlo pueden ser acciones extremadamente estresantes para el animal, quien sin lugar a dudas tratará de huir de la situación. La consecuencia de esto es una reducción de la confianza por parte del gato y una ruptura del vínculo entre animal y cuidador.
Por qué es importante no forzar el contacto físico con un gato
Los gatos son seres sociables, pero algo más selectivos que los perros y otras especies especialmente gregarias. Esto significa que, aunque disfruten de la compañía de personas y otros animales, lo hacen bajo sus propios términos y condiciones, rechazando todo contacto que consideren molesto o excesivo.
Cuando un tutor acaricia a su gato a la fuerza, reteniéndolo para que no pueda escapar, el animal experimenta un aumento de cortisol y se estresa. Un momento de estrés puntual puede resultar inocuo, pero si esta situación se repite en el tiempo, un estado de ansiedad mantenida puede producir graves perjuicios en el animal, desde cambios en su comportamiento hasta alteraciones fisiológicas que comprometan su salud.
Todos los expertos en comportamiento animal aconsejan aprender a conocer e interpretar el lenguaje corporal de los gatos para así ser capaces de reconocer cuándo quieren interactuar y cuándo se están sintiendo incómodos o intimidados. Saber “leer” las intenciones de tu peludo y conocer sus gustos es clave para poder establecer un vínculo fuerte y sano con el animal, así como para poder ganarte su total confianza y disfrutar de una convivencia feliz y pacífica.
Las señales que indican que tu gato quiere caricias y sí disfruta del contacto
Lo etólogos coinciden: en lugar de forzar las interacciones sociales con tu gato, debes esperar a que sea el animal quien inicie el contacto o, al menos, debes asegurarte de que lo acepta de buen grado. El hecho de que tu peludo se acerque a ti no significa necesariamente que quiera que lo toques. Muchas veces, los gatos simplemente quieren descansar cerca de su tutor, pero sin establecer un contacto físico con él. Para saber cuándo tu gato realmente desea que le acaricies, tienes que estar atento a su lenguaje corporal, expresión facial y vocalizaciones.
Una de las señales más claras que indican la voluntad de ser acariciado es el hecho de que el gato se aproxime a ti maullando con suavidad y comience a frotar su cara contra tu cuerpo. Este curioso gesto es se asocia, en el lenguaje felino, con un comportamiento afiliativo. El gato disemina sus propias feromonas sobre la piel de su tutor, depositando su olor personal, como una forma de demostrar aceptación y aprecio. Además, debes fijarte en la posición de las orejas y la cola del gato, que aportan mucha información sobre su estado emocional. Un animal que mantiene la cola alta, la agita con movimientos cortos (como si la cola “vibrara”) y coloca sus orejas de forma erguida en posición natural, está mucho más predispuesto a la interacción social.
Cuando el gato acepta el contacto, es muy probable que comience a ronronear y a restregarse contra la mano de su tutor, lo que indica que la interacción le está resultando agradable. A pesar de que cada felino tiene sus propios gustos, por lo general los gatos prefieren ser acariciados en la cabeza, mentón, dorso y base de la cola que en otras zonas más sensibles como las patas o la tripa.
Tu gato puede avisarte de que está incómodo antes de reaccionar
Cuando un gato está incómodo y quiere que le dejen en paz tiende a mostrar una serie de señales con el objetivo de comunicarse con el tutor y hacerle entender su situación. En estos casos, el objetivo del gato es que la persona se aleje y cese pacíficamente la interacción pero, si sus gestos son ignorados, el animal puede terminar mostrando un comportamiento defensivo o agresivo.
Entre las principales señales de malestar, encontramos:
- Maullidos largos y agudos.
- Orejas gachas, pegadas a la cabeza.
- Movimientos amplios y rápidos de la cola.
- Pelo erizado.
- Cuerpo tenso.
- Mirada fija en el tutor.
- Bufidos y gruñidos.
¡Ojo!, aunque la mayoría de los gatos te harán saber rápidamente si quieren o no ser acariciados a través de algunas de las señales que hemos ido indicando, hay que tener en cuenta que algunos felinos pueden tener una personalidad más cauta o tímida y no son tan expresivos a la hora de mostrar sus gustos y preferencias. En este sentido, un gato que permanece inmóvil o que no muestra signos de agresividad cuando lo acarician no necesariamente tiene por qué estar disfrutando de la situación. Conocer a tu propio peludo y saber interpretar sus emociones y sus gestos, por sutiles que sean, es imprescindible para garantizar el bienestar del animal.
Si deseas leer más artículos parecidos a La psicología dice que forzar las caricias a un gato es un error: puede hacer que se sienta incómodo y estresado, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Cuidados básicos.