Los veterinarios y adiestradores coinciden: “Muchos perros terminan el paseo más estresados de lo que lo empezaron por errores que cometen sus dueños”

 
Por Eva López, Editora Sénior. 22 junio 2026

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El paseo es uno de los momentos más importantes del día para un perro. Y no solo porque le permite ejercitarse físicamente, sino también porque puede explorar el entorno, socializar, olfatear y, en general, regular su estado emocional. Sin embargo, estos objetivos no siempre se cumplen y, en muchas ocasiones, los perros vuelven a casa más estresados de lo que estaban antes de salir.

Esto significa que los perros no terminan el paseo más relajados. Y, según los veterinarios y expertos en comportamiento canino, el problema no está en el perro, sino en cómo se gestiona ese paseo por parte de las personas.

El veterinarios Adrián Conde resume de forma clara el error más repetido y cuyo resultado es un perro más estresado en lugar de más calmado: “Pensar que es tu paseo y no su paseo”. Esta idea conecta con una visión más amplia del problema: el paseo se ha convertido en una actividad guiada por las prisas y expectativas humanas, más que por las necesidades reales del animal.

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El error más común: entender el paseo como algo humano y no canino

Uno de los puntos en los que coinciden los especialistas es en la tendencia a humanizar el paseo o a interpretarlo desde una lógica puramente humana. En una sociedad marcada por la inmediatez, tendemos a ejecutar las tareas lo más rápido posible, y una de ellas es sacar a nuestros perros a la calle.

Sin embargo, el hecho de convertir los paseos en una rutina “obligatoria” que sentimos que debemos completar cuanto antes ya supone, según los expertos, un grave error. La veterinaria María Sanz, conocida como María Vetican, es especialmente contundente al respecto: “No hay prisa”. Según señala, el error de base está en creer que el objetivo del paseo es únicamente que el perro haga sus necesidades rápidamente y se ejercite un poco, cuando en realidad su función es mucho más amplia.

Para el perro, caminar no es suficiente si no puede detenerse, oler o procesar lo que ocurre a su alrededor. Esa libertad de decisión, aunque parezca pequeña, es clave para su bienestar emocional.

Prisas, tirones y no dejar oler: lo que empeora la experiencia del paseo y estresa a tu perro

Cuando el paseo se vive con prisas o como una tarea que hay que completar, aparecen algunos de los errores más frecuentes señalados por veterinarios y educadores caninos, que pueden incrementar el estrés del perro en lugar de ayudarle a relajarse: tirones de correa, interrupciones constantes del ritmo del perro o no dejarle tiempo suficiente para oler y explorar el entorno.

La veterinaria María Sanz insiste especialmente en uno de esos puntos y advierte de forma clara: “Deja de tirarle a tu perro cuando quiere oler algo de la calle”. Según explica, el olfateo no es un capricho, sino la principal vía que tienen los perros para comprender el mundo. Interrumpir esta conducta de forma constante no solo limita su experiencia, sino que puede generar frustración y estrés.

El veterinario Adrián Conde también señala que “no dejarle oler tranquilamente” es un grave error que afecta directamente a la calidad del paseo.

Desde el ámbito de la educación, el adiestrador canino Karim Ridda coincide en que impedir una conducta natural como el olfateo puede derivar en un estado de nerviosismo y ansiedad, que puede reflejarse también en casa. Según su experiencia y la de otros educadores caninos, cuando se limita de forma constante su principal vía de exploración, el perro pierde parte de su capacidad de regulación emocional, lo que hace que la tensión no se libere durante el paseo y pueda mantenerse después.

Muchos tutores creen que los perros descargan toda su energía únicamente a través del ejercicio físico, pero en realidad la estimulación mental —especialmente mediante el olfateo— y la socialización juegan un papel mucho más importante.

No dejar que se relacione con otros perros: otro error que frustra y limita su bienestar en la calle

Aunque muchas veces el foco se pone en el ejercicio físico o el olfateo, limitar o impedir que el perro se relacione con otros animales durante el paseo es otro de los errores más señalados por los expertos.

En condiciones normales y salvo casos concretos de comportamiento reactivo o inseguro, la socialización forma parte natural de su desarrollo. Sin embargo, en muchos casos se evita por miedo, prisas o falta de control, lo que reduce otra de las vías fundamentales de aprendizaje, comunicación y regulación emocional del perro.

En este sentido, la educadora canina Patricia Guerrero también señala que el estado emocional del humano influye más de lo que creemos en la calidad del paseo: “Si tú estás tranquilo, sabes gestionar y no te pones nervioso, todo va a fluir muchísimo mejor que si gritas o tiras de la correa”. Según explica, esa gestión emocional del guía condiciona directamente en cómo el perro se relaciona con su entorno y con otros perros durante el paseo.

Con ello, lo que Guerrero quiere decir es que, muchas veces, tensamos la correa sin darnos cuenta cuando vemos que se acerca otro perro, y ese simple gesto ya transmite tensión a nuestro animal, lo que puede influir en cómo reacciona durante el encuentro. Esto genera situaciones de incomodidad o estrés que se habrían evitado con una interacción más calmada y natural.

Cuando la calle se convierte en una sobrecarga de estímulos

Más allá de los hábitos del tutor, el propio entorno también puede determinar de qué forma vive el perro el paseo. No es lo mismo una zona tranquila que un lugar con múltiples estímulos, ruidos o presencia constante de otros perros, donde la capacidad de gestión del animal se pone más a prueba.

En este contexto, el educador canino Karim Ridda explica que el problema no es la presencia de estímulos, sino la forma en la que el perro se expone a ellos y cómo los gestiona durante el paseo. Cuando hay muchos elementos a la vez o no se respetan los tiempos de procesamiento del animal, el perro puede sentirse desbordado y tener más dificultades para mantener la calma.

Por eso, la clave no está en evitar los estímulos, sino en gestionarlos adecuadamente: ajustar la distancia, controlar el tiempo de exposición y anticipar situaciones que puedan sobrecargar al perro. De todas formas, los expertos insisten en buscar ayuda profesional cuando no se consigue que el animal aprenda a gestionar sus emociones en entornos con tantos estímulos.

“Calidad mejor que cantidad”: cómo mejorar los paseos de tu perro según los expertos

Todos los expertos coinciden en una idea clara: el paseo no debería medirse en cantidad, sino en calidad. La veterinaria María Sanz lo resume señalando que un paseo tranquilo, donde el perro pueda oler y explorar sin presión, es mucho más beneficioso que uno largo pero acelerado.

La educadora canina Mercè Garcia refuerza esta idea y aporta una visión más estructural del problema, explicando que muchos de los errores mencionados surgen por desconocimiento. Según la experta, el paseo debería permitir al perro socializar, explorar el entorno y realizar ejercicio, pero siempre adaptado a sus necesidades individuales.

En conjunto, todos los especialistas advierten que el paseo no es una tarea que se completa, sino un momento de comunicación, exploración y regulación emocional. Cuando se respeta ese equilibrio, el perro no solo camina: se regula y calma de verdad.

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