Nimis, el gato policía que patrulla las calles de Ámsterdam: “Hace que el barrio se sienta más agradable y cercano”
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Nimis no ha pasado por una academia de policía, no persigue delincuentes ni pertenece oficialmente a ningún cuerpo de seguridad. Aun así, este gato negro se ha convertido en una pequeña celebridad en Ámsterdam gracias a sus paseos por el barrio vestido con un llamativo chaleco amarillo y una insignia policial.
La historia es menos solemne de lo que parece. El chaleco surgió como una medida de seguridad porque Nimis vive con su familia en una casa flotante y podía caer a uno de los canales. Los vecinos comenzaron a bromear con que parecía un agente y su familia terminó añadiéndole una pequeña placa. El juego adquirió vida propia: Nimis se convirtió en el “policía” del vecindario y algunos agentes reales incluso han posado con él.
Nimis no lleva un uniforme policial: el verdadero motivo por el que su familia le puso un chaleco amarillo
Nimis nació en 2021 y su afición por explorar los alrededores preocupaba a su familia debido a la proximidad del agua. El chaleco amarillo que hoy constituye prácticamente su uniforme es, en realidad, un salvavidas destinado a protegerlo en caso de que caiga a un canal.
Su aspecto comenzó a llamar la atención de los vecinos, que lo bautizaron espontáneamente como el agente de policía local. Su familia decidió seguir la broma y cosió una insignia al chaleco. Las redes sociales hicieron el resto. Ya en 2023 se hablaba de decenas de miles de seguidores y la historia de Nimis había atravesado las fronteras neerlandesas.
Su función policial, por supuesto, es simbólica. No está adiestrado para detectar sustancias, localizar personas o realizar ninguna de las tareas que desempeñan los perros de las unidades caninas de policía.
Su verdadera aportación está en otro terreno. Los vecinos se acercan a él, lo fotografían y conversan sobre sus recorridos. Su presencia se ha transformado en un elemento reconocible del barrio. De ahí que se le atribuya una función de proximidad: contribuir a que algunas personas perciban su entorno como más agradable y cercano.
Eso no permite afirmar que Nimis haya hecho Ámsterdam objetivamente más segura. No existen datos que relacionen sus patrullas con una reducción de delitos o incidentes. Su eficacia, si puede utilizarse esa palabra, es social y emocional, no policial.
De Chile a Reino Unido: los otros gatos que también se han convertido en “policías”
El caso de Nimis no es completamente excepcional. Uno de los ejemplos más recientes procede de Porvenir, en Chile, donde Naruto, un gato naranja rescatado de la calle por un carabinero, terminó integrado en una unidad de Carabineros.
Naruto había escapado de unos perros cuando fue recogido y acabó convirtiéndose en la mascota de la comisaría. Allí su papel resulta incluso más próximo a lo que podría entenderse como acompañamiento emocional: interactúa con funcionarios y con ciudadanos que llegan para realizar denuncias o trámites, situaciones que pueden resultar especialmente tensas.
En Reino Unido existe, además, una tradición de los llamados “station cats”. Históricamente algunos gatos vivían en dependencias policiales y tenían una utilidad bastante más prosaica: controlar ratones. Con los modernos sistemas de control de plagas esa función perdió importancia, aunque algunos cuerpos han conservado gatos como mascotas informales de sus instalaciones.
Tilly, una gata bengalí de Gosport, en Hampshire, llegó incluso a recibir informalmente el título de “Police Cat” después de hacerse conocida por sus recorridos por comercios, espacios públicos y la propia estación policial de la localidad. Su reconocimiento fue fundamentalmente humorístico y comunitario, no una incorporación real al cuerpo.
También hay un caso curioso en China, donde un aeropuerto ha adoptado a tres gatos callejeros par formar formar su propia “patrulla antiratones”.
Los animales pueden hacer que la policía parezca más cercana y accesible
Un estudio publicado en 2026 en Human-Animal Interactions realizó un experimento con 473 participantes: a cada uno se le mostraba aleatoriamente la imagen de un agente, hombre o mujer, solo o acompañado por un perro de terapia.
Los policías que aparecían junto al animal fueron valorados más positivamente en cualidades como amabilidad, accesibilidad, confianza y capacidad de transmitir comodidad. El efecto fue estadísticamente significativo, aunque pequeño, y se mantuvo incluso entre participantes que previamente tenían opiniones menos favorables sobre la policía.
Los propios investigadores introducen una cautela fundamental: observar una fotografía no equivale a interactuar con un agente en la vida real. Todavía hace falta determinar mediante estudios longitudinales si esa mejor impresión se convierte realmente en mayor confianza, cooperación o acercamiento ciudadano.
Menos estrés y más bienestar: los beneficios de los animales para los propios policías
Otro estudio publicado en The Police Journal analizó un programa universitario estadounidense en el que dos perros de terapia eran conducidos precisamente por policías. Participaron 1.035 estudiantes, profesores y trabajadores. Las respuestas asociaron a los animales con relajación, sensación de pertenencia y alegría, y los investigadores observaron que el hecho de que los cuidadores fueran policías proporcionaba oportunidades de contacto entre agentes y miembros de la comunidad.
Los beneficios pueden alcanzar también a los propios agentes. Una investigación desarrollada en una dependencia de la Real Policía Montada de Canadá introdujo siete equipos de perros de terapia durante sesiones semanales. Entre los 120 policías y empleados participantes, las visitas duraron de media unos 11 minutos. El nivel de estrés autodeclarado descendió significativamente después de interactuar con los perros: de una media de 3,33 antes de la intervención a 1,95 después, y la valoración del ambiente de trabajo también mejoró.
Estos resultados ayudan a poner el fenómeno de Nimis en perspectiva. Un gato con un chaleco no combate el delito, y sería exagerado atribuirle una mejora demostrable de la seguridad pública. Lo que sí sabemos es que determinados animales pueden facilitar interacciones, disminuir momentáneamente el estrés y hacer que una figura institucional resulte más accesible.
Existe además una diferencia importante. Los perros utilizados en los estudios científicos son animales seleccionados y preparados para interactuar con personas. Nimis es simplemente un gato doméstico al que le gusta recorrer su entorno. Su bienestar debe seguir estando por encima de su popularidad: la interacción con desconocidos nunca debería imponérsele ni utilizarse como reclamo si le genera estrés.
Quizá por eso la definición más precisa de su "trabajo" sea también la más sencilla. Nimis no vigila Ámsterdam en el sentido policial de la palabra. Es un animal conocido por sus vecinos que funciona como punto de encuentro comunitario.
Y aunque todavía no exista evidencia científica específica sobre los "gatos policía", los estudios realizados con otros animales sugieren que ese papel aparentemente anecdótico puede tener un efecto real, aunque modesto, sobre la manera en que las personas se relacionan entre sí y perciben a quienes representan a las instituciones.
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