Manuel Liquindoli, educador canino: “Las experiencias que vive un perro influyen en cómo interpreta el presente”

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 3 junio 2026
Compartir en:

Ver fichas de Perros

Un paseo, una adopción, una mala experiencia o el reencuentro con una persona querida pueden dejar huella durante años en la memoria de un perro. La ciencia y los especialistas explican cómo se forman esos recuerdos y por qué condicionan su comportamiento.

"A veces pensamos que los perros solo viven el presente. Pero ese presente también está lleno de recuerdos, emociones y aprendizajes", asegura el educador canino Juan Manuel Liquindoli en la cuenta de Instagram Filosofía Animal. que tiene más de un millón de seguidores.

Esa afirmación tiene respaldo en la investigación científica: los perros no viven atrapados en un instante permanente, sino que construyen experiencias que influyen en cómo perciben el mundo y cómo reaccionan ante él.

Liquindoli, licenciado en Psicología, máster en Etología Clínica y fundador del proyecto Filosofía Animal, es una de las voces más influyentes de la divulgación sobre comportamiento canino en habla hispana.

La idea de que los perros acumulan recuerdos puede parecer obvia para quienes conviven con ellos. Muchos tutores aseguran que sus animales recuerdan durante años un parque favorito, una persona especial o incluso una experiencia desagradable. "Los perros tienen memoria y pueden tener expectativas sobre el futuro -sostiene Liquindoli-. Lo que vivieron influye en cómo interpretan lo que les pasa en en el presente". Lo interesante es que la ciencia ya ha comenzado a demostrar que estas observaciones tienen una base real.

Por qué algunas experiencias pueden marcar a un perro durante toda su vida

Los especialistas distinguen varios tipos de memoria: los perros no recuerdan necesariamente los acontecimientos de la misma forma que los humanos, pero sí poseen una poderosa memoria asociativa y emocional.

Según explica la investigadora Claudia Fugazza, de la Universidad Eötvös Loránd, los perros son capaces de almacenar información sobre experiencias pasadas y utilizarla posteriormente para tomar decisiones. Diversos experimentos han demostrado incluso que pueden recordar acciones observadas minutos u horas antes, algo que durante mucho tiempo se creyó exclusivo de los seres humanos y algunos primates.

Sin embargo, la memoria más importante para la vida cotidiana del perro es probablemente la emocional. Una experiencia acompañada de miedo, alegría, seguridad o estrés deja una huella mucho más profunda que un acontecimiento neutro.

Por eso un perro que sufrió una mala experiencia con ruidos de petardos puede reaccionar con ansiedad años después al escuchar sonidos similares. Del mismo modo, un animal que fue socializado correctamente durante sus primeros meses de vida suele mostrar una mayor confianza hacia personas, perros y entornos desconocidos.

Adopciones, miedos y reencuentros: los recuerdos que más marcan la vida de un perro

La publicación de Liquindoli invita precisamente a reflexionar sobre esas experiencias que los perros parecen no olvidar jamás.

Los etólogos explican que algunos acontecimientos tienen una relevancia especial porque afectan directamente a la supervivencia o al bienestar emocional del animal: la llegada al hogar tras la adopción, los procesos de socialización durante la etapa de cachorro, las experiencias traumáticas como abandonos o maltrato, los reencuentros con personas significativas, las situaciones de miedo intenso y los aprendizajes asociados a la obtención de recursos o recompensas, entre otros.

Estos recuerdos no se almacenan como una película detallada, sino como asociaciones emocionales que condicionan futuras respuestas.

Un perro que fue atacado por otro animal puede mostrar cautela o inseguridad en situaciones similares. En cambio, uno que aprendió que determinados lugares están asociados a experiencias positivas probablemente mostrará entusiasmo cada vez que regrese a ellos.

Por qué los perros pueden reconocer a una persona incluso después de años sin verla

Uno de los aspectos más fascinantes de la memoria canina es el papel del olfato. Liquindoli ha explicado en otras intervenciones que el olor tiene un peso enorme en la forma en que los perros procesan la realidad.

Investigaciones realizadas mediante resonancia magnética funcional demostraron que el cerebro canino activa regiones asociadas a la recompensa cuando detecta el olor de su cuidador.

El estudio, dirigido por el neurocientífico Gregory Berns, observó que el núcleo caudado -una región relacionada con emociones positivas y motivación- respondía con especial intensidad ante el olor de personas significativas para el perro.

Esta capacidad ayuda a explicar por qué algunos perros reconocen a una persona incluso después de años sin verla o por qué ciertos olores pueden desencadenar comportamientos emocionales aparentemente inesperados.

Por qué las experiencias positivas pueden cambiar la forma en que un perro ve el mundo

La buena noticia es que la memoria emocional no es algo inmutable. Los especialistas en comportamiento animal explican que las experiencias positivas repetidas pueden modificar asociaciones negativas previas. Un perro con miedo a otros perros, por ejemplo, puede aprender gradualmente que esos encuentros ya no representan una amenaza.

Liquindoli suele insistir en la importancia de convertirse en un "lugar seguro" para el animal. Desde esta perspectiva, educar no consiste únicamente en enseñar órdenes o trucos, sino en construir un vínculo capaz de proporcionar seguridad emocional cuando el perro se enfrenta a situaciones difíciles. "Un perro que sufrió maltrato no vive el presente igual que uno que fue cuidado y amado", asegura Liquindoli.

Esta visión coincide con las tendencias más actuales de la etología aplicada, que priorizan el bienestar emocional frente a los métodos basados exclusivamente en la obediencia.

Los expertos lo tienen claro: las experiencias pasadas siguen influyendo en los perros

La idea de que los perros viven únicamente en el presente resulta cada vez más insuficiente para explicar su comportamiento. No planifican el futuro como los humanos ni rememoran el pasado de la misma manera, pero sí acumulan experiencias que dejan huellas duraderas. Cada paseo, cada encuentro y cada aprendizaje forman parte de una red de asociaciones que influye en cómo interpretan el mundo.

Por eso, cuando Liquindoli recuerda que el presente de un perro está lleno de recuerdos, emociones y aprendizajes, está describiendo una realidad respaldada por la ciencia: la historia de cada animal sigue acompañándolo, incluso cuando parece simplemente estar disfrutando de un paseo cualquiera.

"Perros y humanos nos parecemos mucho más de lo que se suele creer. El presente de los perros está marcado por las experiencias previas, que quedan grabadas en su memoria", remarca el educador canino, un dato que los tutores deben tener en cuenta para mejorar el día a día de sus mascotas.

Si deseas leer más artículos parecidos a Manuel Liquindoli, educador canino: “Las experiencias que vive un perro influyen en cómo interpreta el presente”, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Educación básica.

Compartir en:
Artículos relacionados
Volver arriba ↑