Ni grasa ni sobrepeso: la razón por la que algunos gatos tienen una “barriga colgante” que pocos conocen, según los veterinarios

 
Por Eva López, Editora Sénior. 10 junio 2026

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Muchas son las personas que, al observar a su gato caminar, han visto cómo una pequeña porción de piel y grasa se balancea y se preguntan: “¿Le cuelga la barriga? ¿Está engordando?”.

Sin embargo, esa “barriga colgante” que tienen muchos gatos no siempre es una señal de sobrepeso. De hecho, en la mayoría de los casos se trata de una característica completamente normal conocida como bolsa primordial, una estructura que los veterinarios relacionan con la evolución de la especie.

Laura García, veterinaria especializada en gatos, explica que esta zona colgante tiene un origen muy diferente al exceso de peso. Según señala, es un rasgo evolutivo que ayudó a los gatos salvajes a sobrevivir durante miles de años gracias a sus funciones relacionadas con la protección, la movilidad y la gestión de energía.

Una herencia de sus antepasados salvajes que muchos aun conservan

Aunque hoy los gatos que viven en nuestros hogares están bien protegidos, su anatomía sigue conservando características desarrolladas durante su evolución como depredadores.

La llamada bolsa primordial aparece en la parte baja del abdomen, entre las patas traseras, y suele verse como un colgajo de piel y grasa que se mueve al caminar o correr. Al contrario de lo que muchos cuidadores creen, su presencia no está relacionada con la alimentación ni con el estado físico del animal. Es decir, no se trata de grasa relacionada con la obesidad.

Laura García explica que esta estructura es “herencia de los antepasados salvajes del gato” y que permitía a estos felinos sobrevivir a determinadas situaciones, como peleas con otros gatos o escasez de alimento.

Y no solo los gatos cuentan con esta estructura, los grandes felinos como los leones, los tigres o los jaguares también la tienen.

Protección, movilidad y reserva de energía: las verdaderas funciones de esa “barriga colgante”

Durante años, especialistas en biología felina han planteado varias hipótesis sobre las ventajas que ofrecía la bolsa primordial a los gatos salvajes. Una de las más aceptadas es la función protectora. Según explica la veterinaria Mari Fer Ávila, durante las peleas entre gatos una de las zonas más vulnerables es el abdomen. “Una zona donde ellos atacan cuando se pelean es el abdomen”, señala. La veterinaria añade que una mordedura profunda podría provocar infecciones muy graves si alcanzara la cavidad abdominal debido a las bacterias presentes en la boca del gato.

Por ello, esta capa adicional de piel y grasa actuaría como un escudo, una protección extra frente a heridas y mordeduras.

A esta función se suman otras ventajas evolutivas que los expertos también han estudiado. Laura García destaca que la bolsa primordial favorecía una mayor elasticidad corporal, lo que permitía movimientos más amplios durante carreras, saltos o persecuciones. Además, también servía como reserva energética en épocas de escasez de alimentos.

En los felinos salvajes, disponer de pequeñas reservas de grasa podía marcar la diferencia entre sobrevivir o no durante los periodos de poca disponibilidad de presas. A pesar de que los gatos domésticos ya no dependen de estas ventajas para sobrevivir, la bolsa primordial sigue apareciendo en muchos de ellos.

Por qué algunos gatos la tienen y otros no: la respuesta está en la genética

Llegados a este punto, es normal preguntarse si la presencia o no de la bolsa primordial puede estar relacionada con los cuidados que recibe el gato. Es decir, si un gato tiene este rasgo, ¿es porque no está bien alimentado? Sin embargo, como señalan los expertos, tener o no esta bolsa no depende de la alimentación ni de los cuidados que reciba.

La explicación está en la genética. De la misma forma que sucede con el color del pelaje, la forma de las orejas u otras características físicas, la presencia de la bolsa primordial puede heredarse o no. Laura García explica que actualmente muchos gatos han ido perdiendo este rasgo a medida que la especie ha evolucionado, por lo que algunos la desarrollan claramente y otros apenas la muestran. Entre gatos de colonias urbanas, por ejemplo, es más habitual que siga existiendo.

Además, ciertas razas tienen una mayor predisposición a presentar una bolsa primordial más visible. Destacan, principalmente, aquellas que proceden de líneas más antiguas, como el gato bengalí o el mau egipcio.

Las señales que indican que sí puede haber un problema de peso, según los veterinarios

Aunque la “barriga colgante” no aparece por sobrepeso, esto no significa que el animal no pueda tener un problema de obesidad. Son dos cuestiones totalmente diferentes y conviene aprender a diferenciarlas.

Según explica Laura García, cuando existe obesidad el exceso de grasa suele distribuirse también por otras partes del cuerpo. Además del abdomen, pueden apreciarse acumulaciones en los muslos, el tórax, la base de la cola o la espalda.

La bolsa primordial, en cambio, presenta otras características. Suele moverse como un péndulo cuando el gato camina o corre, y las demás partes de su cuerpo se ven equilibradas y bien proporcionadas.

Mari Fer ÁVila también insiste en que la presencia de esta estructura no sirve para diagnosticar obesidad. Por ello, los veterinarios recomiendan fijarse en otras señales más fiables, como la dificultad para palpar las costillas, la pérdida de cintura o una reducción notable de la actividad física. Ante la duda, la mejor opción siempre es acudir a una consulta veterinaria.

En definitiva, esa “barriga que cuelga” que preocupa a tantos tutores suele tener más relación con la historia evolutiva de los felinos que con un exceso de comida. En muchos casos, es simplemente una muestra de que nuestros felinos conservan todavía más cosas de las que creemos de sus antepasados salvajes, como el pequeño “bolsillo” en sus orejas.

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