Alan Peiró, adiestrador canino: “No todos los perros aprenden repitiendo mil veces lo mismo”

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 22 julio 2026

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Quien convive con un perro suele escuchar un consejo que parece universal: repetir una orden una y otra vez hasta que el animal termine aprendiéndola. Hay que saeer que la realidad es bastante más compleja. El aprendizaje canino depende de numerosos factores, desde la personalidad del perro hasta sus experiencias previas, su nivel de estrés o la forma en que se comunica con su guía.

El adiestrador canino Alan Peiró resume esta idea con una frase contundente: "No todos los perros aprenden repitiendo mil veces lo mismo". En sus publicaciones explica que uno de los errores más habituales consiste en utilizar exactamente la misma estrategia con todos los animales, como si existiera una fórmula universal para enseñarles.

Según señala Peiró, cada perro necesita un enfoque diferente. Mientras algunos responden rápidamente a la repetición, otros progresan mucho mejor cuando observan a otro perro realizar correctamente el ejercicio. "Por eso, en ocasiones utilizo a Maze, mi perrita, durante las sesiones. Un perro equilibrado puede convertirse en un gran referente para otro perro que está aprendiendo", detalla el adiestrador. "No se trata de repetir más. Se trata de encontrar la forma adecuada de enseñarle", remata.

El método con el que algunos perros aprenden imitando a otros perros y a sus dueños

Peiró sostiene que es bueno tener en cuenta la capacidad de observación de los perros y considerar que pueden aprender mejor viendo a otros hacer las cosas correctamente que escuchando la misma indicación repetidas veces.

Esta idea coincide con muchas investigaciones sobre cognición canina. En los últimos años, distintos estudios han demostrado que los perros son capaces de adquirir información observando tanto a otros perros como a las personas con las que conviven.

El conocido método "Do as I Do" ("Haz lo que yo hago"), desarrollado por investigadores especializados en comportamiento animal, ha mostrado que el aprendizaje social puede ser especialmente eficaz para enseñar determinadas conductas e incluso favorecer que los animales recuerden mejor lo aprendido y lo generalicen a nuevos contextos.

El hecho de que un perro pueda aprender observando no significa que cualquier situación sea adecuada para enseñar.

Peiró resalta que el contexto influye enormemente en el resultado de una sesión de adiestramiento. Un perro estresado, con miedo, excesivamente excitado o rodeado de estímulos tendrá muchas más dificultades para concentrarse.

Por eso recomienda trabajar en ambientes tranquilos, minimizar las distracciones y asegurarse de que el animal mantiene un nivel adecuado de motivación durante el ejercicio.

Otro aspecto fundamental es el refuerzo positivo, considerado actualmente uno de los pilares del adiestramiento moderno. Premiar las conductas correctas -ya sea mediante comida, juego o interacción social- aumenta la probabilidad de que el perro vuelva a repetirlas.

Además, la consistencia del guía resulta esencial. Cambiar continuamente las palabras utilizadas para una orden, modificar los gestos o recompensar unas veces sí y otras no genera confusión y retrasa el aprendizaje.

La evidencia científica también respalda este planteamiento: los perros utilizan las señales emocionales y conductuales de las personas como referencia para interpretar situaciones nuevas, un fenómeno conocido como referencia social, lo que pone de manifiesto la enorme importancia que tiene la comunicación entre el animal y su tutor.

No todos los perros aprenden igual: edad, miedos y temperamento cambian el adiestramiento

Los especialistas coinciden en que educar a un perro no consiste únicamente en conseguir que obedezca determinadas órdenes.

La edad del animal, su genética, las experiencias vividas durante la etapa de socialización, posibles miedos y el propio temperamento condicionan la velocidad con la que incorpora nuevos aprendizajes, y eso debe tenerse en cuenta a la hora de elegir técnicas de adiestramiento adecuadas.

Cada vez más profesionales defienden programas individualizados que permitan adaptar ejercicios, recompensas y niveles de exigencia a cada caso concreto.

Ese es precisamente el mensaje que transmite Alan Peiró cuando afirma que no todos los perros aprenden repitiendo mil veces lo mismo. Para algunos animales, observar a un compañero resolver con éxito un ejercicio puede convertirse en el estímulo que necesitaban para comprender qué hacer.

El objetivo final tampoco es únicamente corregir problemas de comportamiento. Un entrenamiento bien planteado fortalece la confianza entre el perro y su guía, mejora la comunicación cotidiana y facilita que el animal pueda enfrentarse con mayor seguridad a nuevas situaciones.

En definitiva, la educación canina moderna apuesta cada vez más por comprender cómo aprende cada individuo en lugar de aplicar un método idéntico para todos. Adaptar la enseñanza al perro, respetar sus tiempos y aprovechar herramientas como el aprendizaje social puede marcar la diferencia entre un entrenamiento frustrante y una convivencia mucho más equilibrada.

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