Juan Manuel Liquindoli, etólogo: “Los perros disfrutan las caricias, pero hay zonas que les incomodan más que otras”

 
Por Sebas Pascual. 17 agosto 2026

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Acariciar a un perro es uno de los gestos más habituales para demostrar cariño. Para muchas personas es una forma de reforzar el vínculo con su mascota. Sin embargo, que un perro normalmente disfrute del contacto físico, no significa que todas las caricias le resulten agradables.

Juan Manuel Liquindoli, especialista en comportamiento animal y creador de Filosofía Animal, explica en un vídeo de TikTok que los perros tienen diferentes formas de expresar cómo están viviendo ese contacto. “La evidencia científica muestra que la conducta tiene un correlato fisiológico. El cuerpo de un perro habla y los cambios que ocurren en su sistema nervioso dejan señales en su comportamiento”, señala el experto.

Por eso, observar al animal mientras recibe una caricia puede ofrecer mucha más información que asumir que está cómodo simplemente porque permanezca al lado de la persona.

La mayoría de los perros disfruta del contacto físico, pero no todos por igual

Aunque la mayoría de los perros disfruta de las caricias, siempre existen diferencias entre individuos. Cada animal puede tener sus preferencias y tolerar de forma diferente el contacto, dependiendo de la zona del cuerpo, la intensidad o el contexto en el que se produce.

Liquindoli insiste precisamente en esta cuestión. “No hay dos perros iguales, por lo que cuando acaricias un perro, hay que saber cuando se siente cómodo y cuando quiere que le dejen en paz”, explica.

Un estudio analizó el comportamiento de varios perros al mismo tiempo que registraba diferentes indicadores fisiológicos de activación. Los resultados mostraron que no todas las caricias eran vividas de la misma manera y que determinadas formas de contacto podían generar más incomodidad.

Por tanto, que un perro permita que una persona lo acaricie no significa que quiera que el contacto continúe indefinidamente. Su lenguaje corporal puede indicar cuándo está disfrutando y cuándo empieza a sentirse incómodo.

Tocar las patas, el cuello o la base de la cola puede incomodar a un perro

El estudio encontró diferencias importantes según la zona del cuerpo que recibía el contacto físico. Según los resultados explicados por Liquindoli, “las patas, la parte baja de la cola y el cuello se encontraban entre las zonas que podían generar una mayor incomodidad”.

En cambio, el contacto con los hombros y el pecho se asoció con una mayor estabilidad fisiológica. Esto no significa que todos los perros prefieran necesariamente esas partes del cuerpo, ya que cada animal puede tener sus propias preferencias.

La diferencia resulta todavía más evidente cuando el contacto físico limita la capacidad del perro para moverse. Sujetar el hocico o inmovilizar al animal fueron algunas de las interacciones menos toleradas.

En estas situaciones, el perro no solo está recibiendo una caricia, sino que además pierde la posibilidad de liberarse de forma sencilla. Por eso, permanecer quieto no siempre significa que esté disfrutando del contacto.

“Hubo zonas del cuerpo que generaron más incomodidad”, recuerda Liquindoli. La respuesta del animal debe analizarse teniendo en cuenta tanto dónde se le toca como la forma en la que se produce la interacción.

Las señales que pueden indicar que un perro está incómodo

Los perros pueden mostrar diferentes señales cuando una interacción física deja de resultarles agradable. Algunas son muy sutiles y pueden pasar desapercibidas si no se presta atención al conjunto de su comportamiento.

Entre ellas aparecen las denominadas señales de apaciguamiento, como desviar la mirada o la cabeza, parpadear, quedarse inmóvil, levantar una pata o lamerse el hocico.

También pueden aparecer conductas de desplazamiento, como bostezar, sacudirse, rascarse o jadear. A estas se suman conductas redirigidas, entre ellas olfatear el suelo, lamer objetos o dirigir la atención hacia otro estímulo.

Liquindoli señala que aprender a reconocer estas respuestas permite entender mejor cuándo un perro está relajado y cuándo comienza a sentirse incómodo.

Eso sí, ninguna de estas señales debería interpretarse de forma aislada. Un perro puede bostezar por sueño o rascarse porque tiene un picor. Lo importante es observar si varios comportamientos aparecen durante la interacción y si coinciden con otros cambios en su lenguaje corporal.

Respetar sus señales ayuda a construir un vínculo de confianza

Las caricias no son únicamente una manera de demostrar afecto. También constituyen una forma de comunicación entre el perro y la persona.

Aprender a interpretar las señales del animal permite respetar sus preferencias y evitar que una muestra de cariño termine convirtiéndose en una situación incómoda. Si el perro se acerca voluntariamente, mantiene una postura relajada y busca continuar el contacto cuando la persona deja de acariciarlo, existen más indicios de que la interacción está siendo positiva.

Por el contrario, si gira la cabeza, se queda rígido, intenta apartarse o comienza a mostrar varias de las señales anteriores, lo más recomendable es darle espacio.

“Aprender a escuchar lo que cada perro expresa con su cuerpo puede ayudarnos a construir un vínculo basado en la confianza”, concluye Liquindoli.

Por eso, más que buscar una regla que indique dónde deben acariciarse todos los perros, lo importante es observar al animal que tenemos delante. Sus movimientos, su postura y su reacción al ser acariciado ofrecen información sobre si quiere continuar o prefiere que paremos.

Porque una buena caricia no consiste únicamente en demostrarle cariño al perro, sino también en respetar cuándo quiere recibirlo y cuándo necesita que le demos espacio.

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