Si tu perro te gruñe y luego te lame, no te está pidiendo perdón: podría estar avisándote de algo (explicado por etóloga canina)
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Si tu perro tiende a gruñirte y, justo después, te lame las manos, es normal que no comprendas por qué lo hace. Muchos tutores creen que este lamido es una forma de pedir perdón..., pero nada más lejos de la realidad. El lenguaje de los perros es excepcionalmente rico y complejo, lo que lo convierte, en ocasiones, en un verdadero misterio para aquellos que no tienen experiencia en su interpretación. Muchas personas confunden los mensajes que les mandan sus peludos y consideran que su comportamiento no es apropiado, cuando realmente los perros solo tratan de comunicarse con nosotros de la única manera que son capaces de hacerlo.
Aprender a leer el lenguaje corporal del perro, reconocer sus intenciones y actuar en consecuencia es fundamental para garantizar una buena convivencia y un vínculo fuerte y estable con el animal. Por eso, en ExpertoAnimal te explicamos qué significa que tu perro te gruña y te lama y cómo debes actuar en consecuencia.
Lo que realmente significa que tu perro te gruña y luego te lama
Con el objetivo de facilitarnos el trabajo de reconocimiento del lenguaje canino, las diferentes expresiones faciales y corporales de los perros se han clasificado dentro de categorías que tratan de dar explicación a los comportamientos del perro. Por ejemplo, el hecho de que tu perro te lama de manera insistente podría considerarse como una "señal de calma" mientras que los gruñidos serían una "señal de amenaza".
Las señales de calma son una serie de conductas que utiliza el perro para expresar incomodidad ante una situación conflictiva o desagradable. Con ellas, trata de indicar a otro individuo, ya sea un perro o una persona, que no le está gustando lo que está haciendo y que quiere que se aleje.
Si las señales de calma son ignoradas, las conductas se intensifican y pasan a ser señales de amenaza. Gruñir, enseñar los dientes o mantener la mirada fija son señales de amenaza que el perro utiliza para dejar más claro al otro individuo que necesita espacio. El último comportamiento dentro de este gradiente de intensidades sería el morder, cosa a la que los perros suelen evitar llegar.
Por tanto, si tu perro te gruñe y te lame, lo más probable es que se esté sintiendo incómodo con la situación en la que os encontráis y prefiere que te alejes y le des algo de espacio para que pueda gestionar su emoción negativa.
Las señales corporales que no debes ignorar para entender su comportamiento
Existen muchas señales de calma y de amenaza, más allá del gruñido y el lamido, y si tu peludo realiza alguna de ellas con frecuencia o en ciertos contextos, es mucho más evidente que se siente incómodo y necesita espacio. Las principales señales corporales en las que te tienes que fijar para entender por qué tu perro se comporta de la manera en que lo hace son las siguientes:
- Te retira la mirada cuando te acercas a él.
- Se relame los labios de manera recurrente.
- Te vigila de reojo, sin enfrentarse de manera directa a ti.
- Bosteza con regularidad.
- Agacha las orejas y mantiene la cola en posición baja, moviéndola rápidamente.
Hasta aquí, hemos indicado señales de calma, más sutiles, que el perro utiliza para pedirte que dejes de hacer lo que estás haciendo. Si estas señales no se respetan, aumenta su intensidad y aparecen las señales de amenaza, entre las que destacan:
- Gruñidos graves.
- Arruga el hocico y muestra los dientes.
- Eriza el pelo.
- Mantiene la mirada fija.
- Tiene la cola elevada y rígida.
- Gran tensión corporal.
- Lanza bocados al aire.
- Realiza marcajes con el cuerpo o la boca.
Estos comportamientos son mucho más llamativos y pueden terminar en mordida si no se gestionan correctamente.
¿Cómo actuar cuando tu perro mezcla gruñido y lamido?
Lo primero de todo sería reconocer el contexto en el que tu perro tiene este comportamiento, para poder trabajar sobre él y ponerle solución al problema. Tienes que tener muy claro qué es lo que desencadena los gruñidos y posteriores lamidos de tu peludo: ¿lo hace cuando tocas alguna parte concreta de su cuerpo?; ¿cuando está descansando y te acercas a él?; ¿cuando está comiendo?; ¿lo hace con todo el mundo o solo contigo?; ¿lo hace también fuera de casa? Esto es imprescindible, pues si no comprendes qué es lo que incomoda al animal, nunca podrás ayudarle a gestionar su conducta.
Una vez tienes claro el contexto, debes asegurarte de que tu perro no padece ninguna molestia física o dolor, ya que es muy frecuente que sea esto lo que desencadene la conducta. Una visita al veterinario para hacer una revisión completa al perro es lo ideal para descartar patologías.
Si el problema es exclusivamente comportamental, tendrás que comenzar un protocolo de modificación conductual, con el objetivo de habituar al perro a los contextos problemáticos, transformarlos en experiencias positivas y enseñarle que no existe ninguna amenaza para él.
Esto no siempre resulta sencillo y el proceso de aprendizaje puede ser largo, por lo que te recomendamos que siempre cuentes con el asesoramiento de un etólogo que te guíe durante todo el proceso y evalúe los avances del animal.
Errores que pueden empeorar la situación (y que muchos cometen sin saberlo)
Jamás debes castigar al perro por presentar estos comportamientos. Mucha gente piensa que si el perro le gruñe es por falta de respeto, autoridad, dominancia o agresividad, pero nada más lejos de la realidad. El perro solo trata de comunicarse y si se castiga su comunicación, la acabará omitiendo, con el riesgo que ello conlleva. Si no permites que tu perro gruña, la próxima vez puede morder sin preaviso.
Por otro lado, tampoco debes ignorar las señales del perro. Si tu peludo se está sintiendo incómodo, no continúes con lo que estés haciendo, retírate y dale espacio. Si no respetas su comunicación, el perro puede terminar desarrollando alteraciones series de conducta.
Lo que sí debes hacer es establecer un correcto plan de modificación de conduta guiado con un profesional y bajo una perspectiva amable y positiva.
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